¿Por qué enseñar Yoga a los niños?

Si algún lector nuevo ha aparecido por el Blog, recordaremos que el YOGA junto a los beneficios que nos aporta movilizar nuestras articulaciones, fortalecer las musculatura y corregir malas posturas entre otros, nos ofrece mucho más. A través de nuestro cuerpo, podremos conocer qué sucede en nuestro interior y aprender a cuidarnos, a nosotros mismos y a los demás.

En una ocasión, los niños que venían habitualmente a yoga, me pidieron un día hacer una clase «como la de los mayores«. Aquel día les propuse que haríamos la primera parte como adultos, y en la segunda mitad yoga para niños. Al finalizar la primera parte de la clase me preguntaron con cara de aburrimiento:

¿Y porque los mayores no bailan?……

Cuerpo, mente y corazón de los más pequeños están en crecimiento, es por esto que el Yoga cuando va dirigido a los niños no puede ser similar a las clases de adultos. No buscamos los mismos objetivos y necesitaremos adaptar la metodología a los estilos de aprendizaje según las edades.

Junto a las conocidas posturas de yoga o Asanas (no todas recomendadas para los niños), hay música, danza, dibujos, cuentos y juegos, donde no buscamos ganar, el aprendizaje requiere divertirse en estas edades.

Mural realizado por los niños en las clases de Yoga

Algunos de los niños que vienen a clases de yoga comentan, «me gusta porque me calma», es que «lo necesito» , llegan con mucha curiosidad a la clase, no quieren perderse ninguna y a veces se quejan porque termina…..sin duda estos son buenos indicadores de resultados.

Las clases de yoga para niños, suponen una oportunidad para mover sus cuerpos conscientemente, es allí donde se manifiestan las emociones, aprender a reconocerlas es parte del aprendizaje emocional.

Y así, a modo de intrépidos exploradores, nos adentraremos en cómo se experimenta la calma a través de los ejercicios de respiración, como se siente el cuerpo relajado o la fortaleza, conectando con lo que somos, y poder volver a ese lugar cuando lo necesitemos.

Como no todos los niños mantienen la misma relación con su cuerpo, los ejercicios necesitarán estar orientados a aumentar la coordinación de pies y manos, la conciencia espacial y el sentido del ritmo. De esta forma, se irá desarrollando poco a poco una mayor conciencia corporal que permita colocar nuestra postura de forma correcta, para no dañarnos, pero también para confiar en nosotros, desde el respeto a lo que somos y a los demás.

Las técnicas de Mindfulness suelen combinar muy bien con las herramientas del Yoga, son buenos aliados para mejorarán la capacidad de enfocarse y concentrarse. Es por esto que los ejercicios de atención plena o meditación, forman parte de nuestros juegos en las clases de Yoga para niños.

¿Te animas a probar?

¿Dónde se esconde la Felicidad?

Uno de los cuentos que no suele faltar en mis clases de yoga para niños es este. Si hay algo que todos tenemos en común es que queremos ser felices, todos buscamos nuestro bienestar, aunque a veces en lugares donde no se encuentra. Mirar dentro de nosotros es una de las maneras que tenemos para contactar con ella……

Erasé una vez …

En cierta ocasión, los dioses se reunieron para crear al hombre y a la mujer. Lo hicieron a su imagen y semejanza, pero uno de ellos dijo:

-Un momento, si vamos a crearlos a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro y una fuerza e inteligencia igual a la nuestra. Debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de lo contrario estaremos creando nuevos dioses. Deberemos quitarles algo…..

Después de mucho pensar, uno de ellos dijo:

– Ya sé, vamos a quitarles la felicidad.

– Pero… ¿dónde vamos a esconderla para que no la encuentren? – Respondió otro.

– Vamos a esconderla en la cima de la montaña más alta del mundo.

– No creo que sea una buena idea, con su fuerza acabarán por encontrarla.

– Entonces… podemos esconderla en el fondo del mar.

– No, recuerda que les daremos inteligencia, con la cual, tarde o temprano construirán una máquina que pueda descender a las profundidades del mar.

– ¿Por qué no la escondemos en un planeta lejano a la tierra?

– Tampoco creo que sea buena idea, porque llegará un día que desarrollarán una tecnología que les permita viajar a otros planetas. Entonces conseguirán la felicidad y serán iguales a nosotros.

Uno de los dioses, que había permanecido en silencio todo el tiempo y había escuchado con interés las ideas propuestas por los demás dijo:

– Creo saber el lugar perfecto para esconder la felicidad, donde nunca la encuentren.

Todos le miraron asombrados y le preguntaron:

– ¿Dónde?

La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán.

Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo.

Cuento anónimo

¿Te animas a probar?

Mas allá de ASANA

«Se dice que existen tantas Asanas como seres vivos»

André Van Lysebeth

Con el término Asana nos referimos en sánscrito a las «posturas» que se realizan con el cuerpo durante una práctica de Yoga. Es probable que sea lo primero que acude a nuestra cabeza cuando pensamos en Yoga, a pesar de ser solo una de las múltiples herramientas que este método propone para que las personas podamos tomar conciencia de todo nuestro potencial, nuestra verdadera naturaleza.

… existen Asanas sencillas y otras muy sofisticadas

Pero en ningún caso, colocarnos en una de estas posturas deberá dañarnos, esta es una premisa básica a cumplir cuando practicamos.

Puede parecer obvio, pero no siempre lo es, las personas somos capaces de colocarnos en posiciones bastantes comprometidas a veces, para demostrar algo a nosotros o a los demás. También están aquellas personas que no perciben el daño que se pueden estar ocasionando, al vivir alejados de su cuerpo, este en ocasiones necesita gritar muy alto para que se le escuche.

Existe otro aspecto de Asana que merece nuestra atención, es la forma como construimos la postura. Puede ocurrir que la postura a realizar sea nueva o quizás ya la hemos practicado en otras ocasiones, en ambos casos colocarse en actitud de principiante suele ser lo recomendable, observar con la curiosidad de un niño vuelve luminoso el momento presente.

Así como el agua de un rio no pasa dos veces por el mismo lugar, cada momento de nuestra práctica es único e irrepetible.

Asana nos invita a explorar horizontes nuevos, sensaciones no experimentadas anteriormente que traerán luz a una nueva realidad. Es así como una sesión de Yoga se convierte en un diálogo silencioso con el propio cuerpo.

Los beneficios de Asana alcanzan no solo a nuestras articulaciones, sistema linfático, circulatorio y muscular, entre otros, estos son solo una parte del ambicioso objetivo del Yoga, integrar todo lo que somos, cuerpo, mente y corazón.

… también se beneficiará nuestra función respiratoria.

Lo habitual en esta vida de prisas que solemos llevar, es que la respiración se vuelva superficial, por lo tanto insuficiente para nuestro organismo. Nos olvidamos, que el oxigeno es el principal alimento de nuestras células, sin él no es posible que nuestro organismo asimile los alimentos, función que sirve para que se libere la energía que necesitamos para vivir.

¿Porque utilizar solo una pequeña parte de todo nuestro potencial?.

Muchas de estas posturas o Asanas son una invitación a restaurar esa función respiratoria perdida y digo «perdida» porque en realidad no supone aprender nada nuevo sino darnos permiso para dejar que aflore la respiración natural, esa que no requiere esfuerzo y que nuestro cuerpo sabe hacer por si solo.

De este modo, creamos espacios, …ensanchando, alargando, enraizando, fortaleciendo, relajando, … son algunas de las formas que tiene Asana para ayudarnos en esta labor.





¿Te animas a probar?

Del Hacer al Ser, sobre la esterilla de Yoga

Sonríe, respira y ve lentamente

Thich Nhat Hanh

En algún momento ocurre, que comenzamos a creernos que somos aquello que hacemos. Es entonces que llenamos las agendas de tareas, actividades «que hacer», sintiéndonos que nuestra vida esta llena

… y sin duda lo está!!!

Es así como nos colocamos en el «modo hacer», a veces incluso antes de acabar una actividad ya estamos pensando en otras cosas por alcanzar. Puede suceder que nos descubramos pensando: «tengo que hacer otro curso o leer otro libro», «cuando termine esta tarea y haga la siguiente estaré más gusto» y así hasta el infinito, porque cuando terminamos eso que nos propusimos, aparecerá otro nuevo proyecto, que seguramente no será suficiente…

No se trata de adoptar una actitud de falta de interés general o indiferencia, hay muchas cosas interesantes que pueden hacer de nuestro mundo un lugar mejor. Pero al estar tan ocupados, nos vamos distanciando de nuestras verdaderas necesidades y deseos,

…así va definiendo lo que somos, aquello qué hacemos o dejamos de hacer.

En ocasiones también llevamos este «modo hacer» a la esterilla de Yoga y ahora lo que toca es «hacer las posturas», una y después otra, cuantas más mejor.

Pero junto a todos los beneficios físicos de las Asanas o Posturas de yoga, su practica nos ofrece la oportunidad de conectarnos con lo que sentimos … aprender que la respiración es un gran chivato de la velocidad con la que vamos por la vida … observar como se experimenta en el cuerpo el bienestar… o si nuestras decisiones salen desde el corazón o no.

El Yoga nos invita a pasar del modo "hacer" al "ser"

Por suerte, somos mucho más que aquello que hacemos, el trabajo que tenemos o las actividades que realizamos. Habitar esa parte que está en cada uno de nosotros, pasar al «modo ser», nos permitirá «sentir lo que hacemos» y decidir desde donde queremos actuar.

Ten en cuenta que no asumir una determinada postura y permitirse sentir y reconocer lo que aflora en tu cuerpo y en tu mente, se considera también una postura de yoga. 

¿Te animas a probar?

Como el Yoga nos ayuda a soltar.

«Si miramos el objeto de nuestro apego con una simplicidad nueva, comprenderemos que no es ese objeto lo que nos hace sufrir, sino el modo en que nos aferramos a él»

Mattieu Ricard

Hoy hablamos de «Soltar» y como el Yoga cuenta con herramientas que nos pueden ayudar en este sentido. Pero ¿soltar qué?, quizás lo primero que percibimos al iniciarnos en la practica de Yoga es cuanta tensión en forma de estrés, contracturas, agitación mental, rigideces ….traemos a la clase de yoga.

Solemos ponerle a la vida más esfuerzo del que nos pide o vivir aguantando, apretando, forzando situaciones que aunque no nos traen bienestar, las miramos como nuestra «normalidad», algo que no está en nuestra mano cambiar.

De esta manera, al practicar yoga y gracias a la lupa de la Atención, percibimos todas esas huellas que dejan en el cuerpo estas situaciones y tras seguir una clase bien equilibrada energéticamente, podemos experimentar el alivio de «soltar» la musculatura del cuello, de los hombros, sentirnos por algunos segundos muy agustito en la última Asana de relajación.

Ya vamos soltando algo...

Para la practica de esta disciplina la persistencia es un requisito, lo que conocemos por Tapas, (bueno para esto y cualquier cosa de las que merecen la pena, que queramos conseguir en la vida, ). Al continuar practicando comenzamos a darnos cuenta de cuantos pensamientos «agarramos» que nos limitan, tales como «yo no puedo hacer esa postura», «es que no tengo flexibilidad», «uf! estoy ya muy mayor para esto» o «tengo que hacerlo perfecto», incluso sentirnos algo torpes al querer acompasar los movimientos a la respiración en el Vinyasa del saludo al sol.

¿Qué pasaría si fuéramos capaces de soltar todos estos pensamientos?... 

Al soltar, nos atreveremos a transitar por posturas nuevas en un entorno seguro, nuestra esterilla, explorar nuevas sensaciones, una nueva forma de posicionarnos, también en el mundo. Es así como crearemos espacio para que algo nuevo se desarrolle, que nos aporte más paz y alegría.

Ya lo sé, no es fácil...

Que esto sea así, no debe ser una excusa, ¿cuántas cosas no fáciles a priori has iniciado y después visto todo lo bueno que traían a tu vida?. Nuestra forma de ver, de mirar a los demás o mirarnos, en ocasiones funciona como un hábito del que cuesta desprenderse, algo así como dejar el azúcar, de fumar o salir del sedentarismo. Pero solo si abandonamos estos viejos hábitos poco saludables, podremos dar paso a que poco a poco, otros nuevos más beneficiosos se instalen.

El Yoga confía que todos tenemos esa capacidad de dejar marchar aquellas cosas que nos alejan de conocer la verdadera naturaleza de nosotros y de todas las cosas, nos invita a dejar ir aquello que nos trae sufrimiento en lugar de felicidad.

¿Te animas a probar?

Escuchando a nuestro Cuerpo

El cuerpo dice lo que queda más allá de las palabras”

Martha Graham

En una entrada anterior en este Blog titulada El cuerpo y sus razones, hablábamos sobre cómo el desarrollo de la conciencia corporal es un pilar básico para conseguir bienestar. Pero un tema tan fundamental como apasionante, bien se merece que le dediquemos otro espacio para que sigamos profundizando en él.

Aunque a veces nos pase desapercibido, solemos vivir en general bastante alejados de nuestro cuerpo, más cercanos a nuestra mente que organiza, imagina y nos dice como debemos sentirnos, que debemos hacer y que decisiones tomar. No estamos hablando de la practica de deporte, siempre muy recomendable, que nos mantiene en forma y repara las secuelas de una vida bástate sedentaria que solemos llevar.

Tampoco nos estamos refiriendo a valorar si estamos en nuestro peso o nos sobra algún kilo, o si nuestros músculos están lo bastante desarrollados o no.

Escuchar a nuestro cuerpo, es una invitación a prestar atención a la sensación física sentida, lo que no tiene nada que ver con pensar en el cuerpo. Esta indicación aunque suene sencilla a veces requiere un tiempo de práctica para darnos cuenta que solo consiste en reconocer las sensaciones presentes. De esta manera, la observación corporal nos resultará de gran utilidad para clasificar esas sensaciones y experiencias internas en tres grandes categorías: agradables, desagradables y neutras.

Al trabajar con técnicas que como el Yoga fomentan el de autonocimiento, para desarrollar todos los aspectos de nuestra naturaleza, descubrimos que el cuerpo tiene su propia sabiduría y si lo escuchamos atentamente, puede mostrarnos donde se depositan nuestras tensiones físicas, emocionales y los impactos de nuestros pensamientos. 

Habitualmente en nuestra vida diaria de rutinas y prisas suele resultar complicado estar cerca del cuerpo y «escucharlo», aún así él a veces nos susurra información sobre como se encuentra y si no le escuchamos termina «gritándonos» en forma de alguna dolencia más importante que nos hace parar para atenderlo.

Este ejercicio de desarrollar la observación corporal, nos va a permitir darnos cuenta y reconocer, como nuestro cuerpo siente o experimenta, lo que puede resultar muy útil a todos los niveles especialmente para trabajar con el estrés, la ansiedad y el dolor físico. 

Al sentir lo que nuestro cuerpo experimenta en cada momento, podremos descubrir que algunas de las sensaciones que experimentamos, pueden ir acompañadas de pensamientos y emociones, ante lo que no necesitamos hacer nada más que reconocerlo. Este reconocimiento consiste en ver las cosas tal cual son, nos gusten o nos desagraden.  La aceptación de estas sensaciones, nos permitirá estar a gusto o en paz con las cosas tal cual son.

Pero esta atención al cuerpo requiere de una actitud amable ante lo que observemos, algo así como imaginar que colocamos un saquito térmico caliente en esa zona de nuestro cuerpo donde percibamos algún tipo de tensión, permitiendo que se ablande, mientras nos dejamos acompañar por la respiración natural, lenta y profunda.

¿Te animas a probar?

El Buscador

Os traemos nuevo cuento a nuestro Blog, ellos tienen la habilidad de hacernos despertar, por eso nos gustan tantos.

En esta ocasión, Jorge Bucay nos recuerda que el único tiempo y verdadero es el tiempo vivido conscientemente. A veces nos perdemos deseando que las cosas sean diferentes, pensando que estaremos completos cuando…hagamos ese viaje, tengamos ese trabajo, encontremos esa pareja,…

Te invitamos a parar, respirar y sentir la vida que se hace en este instante, donde no necesitamos ser nadie diferente más que lo que somos AHORA.

Erasé una vez…

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador…
Un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra.

Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió.
Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores. La rodeaba por completo una especie de pequeña valla de madera lustrada.
Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.
De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquel lugar.

El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor.
Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida.
Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar.
Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas

El buscador se sintió terriblemente conmocionado.
Aquel hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba.
Una por una, empezó a leer las lápidas.
Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.
Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años
Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó.
Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
-No, por ningún familiar —dijo el buscador—. ¿Qué pasa en este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que les ha obligado a construir un cementerio de niños?
El anciano sonrió y dijo:
– Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…:

“Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta como esta que tengo aquí, para que se la cuelgue al cuello. Es tradición entre nosotros que, a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

A la izquierda, qué fue lo disfrutado.
A la derecha, cuanto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media…?
Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso…¿Cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?

¿Y el embarazo y el nacimiento del primer hijo…?
¿Y la boda de los amigos?
¿Y el viaje más deseado?
¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?
¿ Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?
¿Horas? ¿Días?

Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos… Cada momento.

Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido.

¿Te animas a probar?

Compasión en epoca de Pandemia

La verdadera compasión no consiste en desear ayudar a aquellos que son menos afortunados que nosotros, sino en darnos cuenta de nuestro parentesco con todos los seres.

Pema Chödron

El término compasión es frecuentemente utilizado en los contextos de Mindfulness, en aquellos entornos donde se practica meditación basada en las antiguas practicas Budistas y en algunos entornos de Yoga. Incluso han surgido movimientos que buscan hacer extensible los sentimientos de compasión a toda una ciudad, como Badajoz Contigo Ciudad Compasiva.

Enseñar practicas de atención plena, aisladas del entrenamiento en compasión, no tiene ningún sentido. Un ladrón que pretende robar una cartera en el metro, estoy segura, que emplea en ese momento una atención refinada y plena eso sí, poco compasiva. Esto nos hace comprender que el entrenamiento en Mindfulness o Atención Plena aislado de las prácticas en compasión quedaría cojo, incluso arriesgado.

El sentimiento de compasión puede tomar dos direcciones, dirigirse hacia los demás y hacia nosotros.

La primera vez que escuché hablar de compasión fue al psiquiatra y pionero en introducir el Mindfulness en España, Vicente Simón, alguien que emana tanta sabiduría como humildad cuando comunica. Durante aquella formación nos introdujo en el sentimiento de Autocompasión, alejado de la lastima y la autocomplacencia. Lo consideraba de especial importancia, ya que como adultos -nos decía- hace bastante tiempo que dejamos de tener una persona que cuida de nosotros, que sepa lo que sentimos y que nos ayude en cualquier momento. Así nos sumergía en la meditación basada en la compasión, darnos a nosotros el mismo cuidado, consuelo y serenidad que de forma natural hacemos llegar a quienes queremos cuando están sufriendo.

Una de las lecciones que esta Pandemia nos está dejando es mostrarnos cómo en muchas ocasiones, no es posible cambiar las circunstancias vitales, sobre ellas no tenemos control, aún cuando vivamos en una falsa seguridad, que nos tranquiliza. Las emociones negativas, las circunstancias adversas nos llegan sin que lo deseemos y a todos por igual, tocándonos lidiar con ellas, con la única certeza de saber que no son eternas y pasarán.

La compasión fluye de manera natural cuando alguien a quien queremos sufre, es el mismo sentimiento que podemos dirigir hacia nosotros si somos los que sufrimos. Se asocia a bienestar, inteligencia emocional, optimismo y felicidad.

Todo sentimiento compasivo implica la intención de aliviar, reconfortar, dar ánimos, motivarse a uno mismo y al otro en lugar de criticarse o criticar.

Cuando miras con ojos de eterno aprendiz, una situación tan desconcertante como la pandemia que vivimos puede ser una oportunidad para aprender y transformarnos. Nos brinda la posibilidad de dirigir nuestros sentimientos compasivos hacia sanitarios, maestros, niños, jóvenes, ancianos o empresarios que se han encontrado con una circunstancia vital que nunca hubieran elegido.

A su vez, también podemos dirigir esos sentimientos compasivos hacia nosotros, acompañarnos con un bálsamo de comprensión y cuidado por nuestra privación de movilidad, nuestros miedos ante el contagio de nuestros seres queridos o de nosotros.

¿Te animas a probar?

El poder de la Atención

Una de las funciones de la mente, que nos aporta numerosos beneficios desarrollarla es la Atención. Suele debilitarse debido a los numerosos estímulos que nos abordan constantemente, pero lo mejor es que al igual que lo hacemos con otros músculos de nuestro cuerpo, también es posible ejercitarla.

Entrenar la atención es clave si queremos llevar bienestar a nuestras vidas, si pretendemos reducir el estrés y liberarnos de la ansiedad que se instala sin darnos cuenta en nosotros. La relación entre atención y emociones es tan estrecha, que cuidando la primera, mejoraremos las segundas.

Lo habitual es que vivamos con la atención hacia fuera, hacia todos los estímulos que constantemente nos bombardean y así vamos alejándonos de un mundo interior donde residen nuestros sentimientos, necesidades y la sabiduría natural que está dentro de todos nosotros.

Te has planteado alguna vez, ¿donde quieres poner tu atención?

Podemos elegir hablar con atención o sin ella y después nos tocará asumir las consecuencias de nuestras palabras, de las dichas y de las que nos callamos.

Sin atención quizás «oiremos» pero no «escucharemos» lo que los demás tengan que contarnos, por el contrario podemos estar pensando la respuesta antes que nuestro interlocutor haya terminado de hablar y convertir una conversación en una sucesión de monólogos. También será difícil escucharnos a nosotros mismos si nuestra mente está siempre tan ocupada en mil asuntos, a veces de forma tan automática, que nuestras necesidades nos pasan desapercibidas.

Un conocido cuento Zen nos habla de esto:

El discípulo le pregunta al Maestro ¿que es lo que haces para alcanzar la sabiduría?, a lo que este le responde;

Cuando como, como; cuando duermo, duermo

-Pero esto lo hace todo el mundo- replica el discípulo

– No es cierto- dice el sabio-, la mayoría de las personas cuando comen, piensan en mil cosas diferentes y cuando duermen sueñan en mil cosas distintas. Yo cuando como, como; cuando duermo, duermo, solo eso.

El Yoga es una de esas disciplinas que nos invita a entrenar nuestra Atención, entre otras muchas cosas y así nuestra conciencia se intensifica. Podemos aprender a llevar nuestra atención al cuerpo durante su práctica, a la respiración o entrenarnos en distintas practicas meditativas.

Pero también podemos hacer más fuerte nuestra atención en la vida diaria, tratando de conectarnos con lo que hacemos en cada momento y apartando las distracciones hasta concluir la tarea que estemos realizando, ya que sabemos que ser feliz es cuestión de voluntad.

Desarrollar una Atención fuerte nos da la libertad para elegir en cada instante como actuar, nos hace responsables de nuestras experiencias en ese único momento que existe realmente, el aquí y el ahora. Nos va a permitir tomar conciencia de nosotros mismos, de lo que es sano y de lo que no, de lo que nos daña o daña a los otros, de lo que realmente está sucediendo. En definitiva vivir una vida más consciente.

¿Te animas a probar?

Tu Verdadero Valor

Los cuentos tienen ese poder para llegarnos allí donde a veces el simple razonamiento no alcanza. Suelen tocar algo dentro de nosotros más sensible que hace que nuestro interior se organice de otro modo, generalmente más amable hacia nosotros y los demás.

El Verdadero Valor del Anillo lo leí hace muchos años en un libro de Jorge Bucay, «Dejamé que te cuente».

A veces buscamos fuera de nosotros nuestro propio valor, damos por válidas ciertas opiniones, sin cuestionarnos la fuente desde donde llegan. Este cuento es una invitación a reflexionar sobre esto, espero lo disfrutéis…….

Erasé una vez……..

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
-Cuánto lo siento, muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después…- Y haciendo una pausa agregó -Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

E…encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas. – Bien- asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó -Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En su afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Entró en la habitación. – Maestro – dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

– Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. Quién mejor que él, para saberlo. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo: – Dile al maestro, muchacho que si lo quiere vender ya, no puedo darle más de 58 monedas de oro por su anillo.
– ¡¿58 monedas?! -exclamó el joven.
– Sí, replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
– Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

¿Te animas a probar?