Plan familiar para el uso de las tecnologías.

Son muchos los beneficios que nos aportan las nuevas tecnologías por ejemplo en la campo del intercambio de conocimientos, pero también es conocido su alto poder adictivo, introduciéndonos en un círculo de recompensa a través de la producción de la hormona de la dopamina.
Para algunas familias, organizar el uso de móviles, pantallas, y otros dispositivos digitales con niños, se convierte en una tarea diaria de gran desgaste.

El desarrollo infantil se despliega rápidamente en los primeros 5 años de vida, se trata de un periodo crítico de crecimiento y maduración. Cuando los niños de estas edades están observando pantallas pueden perder oportunidades importantes para practicar y dominar habilidades interpersonales, motoras y de comunicación. A su vez cuando están ante las pantallas se hacen más sedentarios, no practican habilidades como caminar o correr.

Es fundamental que conozcamos que los niños aprenden de las interacciones con otras personas, no con las pantallas, tales como encontrarse con una mirada, hacer un agujero en la tierra para esconder una piedra mágica o planificar la construcción de un castillo con cartones. Las pantallas pueden interrumpir esas interacciones con los padres y su entorno, limitando los intercambios sociales verbales y no verbales, esenciales para fomentar un desarrollo óptimo.

La evidencia es suficiente, para recomendar limitaciones del tiempo en el uso de medios digitales para niños entre 2 a 5 años a no más de una hora al día, y así permitir que los niños tengan tiempo suficiente para participar en otras actividades importantes para su salud y desarrollo.

¿Cómo hacer un buen uso de los dispositivos móviles y pantallas…cuando en casa hay niños?

La Asociación Americana de Pediatría nos facilita crear un plan personalizado para nuestra casa en función de la edad de los niños.

Algunas de las protestas que  nos sugieren llevar a cabo son:

  • Establecer zonas libres en casa sin pantalla. No permitir móviles y televisión en zonas como habitaciones, mesa de la cocina o comedor entre otras.
  • Tiempos libres sin pantallas, establecer como rutina que dispositivos como televisores, teléfonos, computadoras, juegos u otros aparatos electrónicos estén fuera de los límites en momentos específicos, especialmente en los horarios de cena y antes de ir a dormir.
  • Ver con los niños programas educativos o vídeos ya que los pequeños aprenden mejor cuando son vistos conjuntamente y hay interacción con los padres.
  • Limitar el uso dispositivos móbiles cuando paseamos por la calle al aire libre, en la escuela o mientras se hacen las tareas….

En el siguiente enlace podréis elaborar vuestro propio plan, en función de las edades de los niños, eligiendo aquellas actividades que queréis poner en marcha.  Además, no olvides  imprimirlo y colocarlo en un lugar visible donde toda la familia pueda verlo.

Elabora tu Plan Familiar

Recuerda que adquirir un nuevo hábito en tu familia va a requerir de persistencia, que seamos constantes en llevar a cabo lo que nos hemos propuesto y que nos convirtamos en adultos modelos de quienes los más pequeños puedan aprender.

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El Yoga y las Emociones

“El arte de vivir no es ir a la deriva despreocupadamente ni tampoco aferrarse a las cosas con temor. Consiste en ser sensibles a cada momento que se presenta, en contemplarlo como algo absolutamente nuevo y único, en tener la mente abierta y totalmente receptiva”

Alan Watts

Hola de nuevo, es probable que si estás leyendo este artículo es porque tienes interés en tu bienestar, enhorabuena, nadie puede hacer eso por ti, tan bien como tú mismo.

En esta entrada de nuestro blog,  pretendemos hacer una reflexión sobre como las técnicas de yoga son otra herramienta que pueden ayudarnos en la autorregulación de las emociones.

Ramiro Calle, pionero en introducir en España esta disciplina, afirma en El Gran Libro del Yoga, que “es básicamente un método de mejoramiento humano. Procura claves, preinscripciones, métodos y técnicas para el autoperfeccionamiento, bienestar integral y la evolución de la conciencia”.

Son muchos los beneficios que nos va a aportar la practica del yoga. A nivel físico va ayudarnos a cuidar y rejuvenecer las articulaciones, fortalecer y flexibilizar nuestra musculatura, mejorar la capacidad respiratoria así como a nivel mental mejora la concentración, entre otros. Pero no es nuestro objetivo exponer todas las ventajas de practicar esta disciplina sino exponer lo que podríamos llamar uno de los efectos secundarios que obtenemos a nivel emocional, las herramientas que nos van a servir para manejar las emociones.

Durante una clase de yoga es probable que afloren emociones y sentimientos de manera espontánea y nos hagamos más conscientes de ellos. Quizás aparezca frustración al no conseguir hacer la postura o envidia al ver lo bien que le sale al compañero, el miedo puede surgir al colocarnos cabeza abajo en posturas invertidas y la satisfacción al terminar una clase y sentirnos bien. Las emociones existen para tratar de resolver problemas, no para crearlos. Si frecuentemente nos hacen sufrir es porque les oponemos resistencia y no sabemos manejarlas con habilidad. Mientras sigamos identificados con nuestra emociones, seremos dominados por ellas, y por tanto, no podremos comprender realmente como es nuestra realidad y como podemos vivirla con acierto y plenitud.

El objetivo será lograr que las emociones no sean un impedimento, sino una ayuda, para lo que se requiere que modifiquemos la forma de relacionarnos con ellas.

7 Peldaños para conseguir el equilibrio emocional

Vicente Simón (2011), médico y psiquiatra, pionero en despertar el ínterés por el Mindfulness en España, nos habla de 7 peldaños para conseguir el equilibrio emocional:

  1. Pararse
  2. Respirar hondo, serenarse
  3. Tomar conciencia de la emoción
  4. Aceptar la experiencia, permitir la emoción
  5. Darnos cariño
  6. Soltar la emoción, dejarse ir
  7. Actuar o no, según las circunstancias.

¿Cómo el yoga puede ayudarnos en este sentido?

Cuales son esas herramientas del yoga que nos ayudan a manejar las emociones a veces difíciles, vamos a repasarlas recorriendo esos 7 peldaños de Simón:

Pararse: La practica de yoga supone un espacio para parar durante un tiempo nuestro “modo hacer” y permitirnos pasar al modo “ser”. Un espacio donde apagamos el interruptor, es decir, pasamos a activar el Sistema Parasimpático, aquella parte de nuestro Sistema Nervioso que nos permite descansar, relajarnos y reponer energía. Esto nos va a permitir llevar la atención desde el exterior hacia dentro y así hacernos conscientes de lo que estamos sintiendo, pensando, etc.
Incorporar dentro de nuestros hábitos estas pausas, nos va a permitir pararnos cuando experimentemos una emoción intensa o estrés. La emoción nos impulsa a actuar en seguida de manera irreflexiva. En lugar de esto podemos concedernos un tiempo para reflexionar y valorar lo que está sucediendo en nuestro interior. De esta manera interrumpimos la cadena de condicionamiento y creamos la posibilidad de responder de manera distinta a la habitual.

Respirar hondo y serenarse: Otra de las habilidades que se adquieren con la práctica de yoga es la conciencia respiratoria. Llevar la atención a la respiración nos va a permitir disminuir la activación ante una emoción intensa. Una vez que nos hemos tranquilizado va a resultar más fácil hacernos presentes en la experiencia emocional que atravesamos. Con las practicas de las técnicas de respiración el alumno va a adquirir la conciencia de su efecto sobre el sistema nervioso.

Tomar conciencia de la Emoción: Supone familiarizarnos con todos los aspectos de la emoción, los cambios corporales, pensamientos o situaciones que las desencadenan, recuerdos o imaginaciones. Luego procederemos a identificar de que emoción se trata y ponerle nombre. Y por último si la emoción nos hablara ¿qué nos diría?, ¿qué nos impulsa a hacer?, ¿qué necesidad revela?.
Con la práctica de yoga desarrollamos la sensibilidad, la capacidad de los seres vivos de responder a los estímulos tanto externos como internos, tanto fisiológicos como psicológicos. La sensibilidad del cuerpo va a informarnos de la respuesta física de la emoción en él, lo que hará posible que llevemos la atención a aquella parte del cuerpo donde se manifieste la emoción, de esta manera en lugar de evitar esas sensaciones, podamos percibirla con detalle y tratar de relajar y ablandar esa zona afectada, creando espacio para que la emoción se exprese a través del lenguaje de las sensaciones corporales.
La sensibilidad de la mente, nos dará información de los pensamientos y juicios que aparezcan asociados.

Aceptar la experiencia y permitir la emoción: Se trata de observar la emoción sin ofrecer resistencia, permitiendo que sea tal cual es. En lugar de oponernos a ella, le creamos un espacio, permitiéndole que se exprese con libertad en nuestro mundo interno.
En la práctica de yoga el trabajo con el Niyama Santosha, una de las actitudes a cultivar, nos anima a la aceptación del momento presente con lo que hay. También la relajación del esfuerzo durante Asana nos facilita ese trabajo de crear espacio y no oponernos a la resistencia, de forma que podamos encontrar algo de comodidad en posturas aparentemente incómodas.

Darnos cariño: Durante la practica de yoga tratamos de conectar con esa parte de nosotros que aún se siente íntegra y sana, que aún puede funcionar como una fuente de amor y de ternura. Se trata de que nos reconozcamos a nosotros mismos como seres dignos de ser queridos y que logremos entrar en contacto con un espacio de paz, belleza, de fuerza y de amor. Un espacio que es el antídoto del sufrimiento que estamos experimentando.

En yoga,  Ahimsa es el Yama que nos enseña el respeto amoroso ante la vida que nos incluye, respeto hacia nuestro cuerpo, nuestras emociones y pensamientos. Respeto amoroso a nosotros como seres sufrientes, alejándonos de la autocrítica.

Soltar la emoción y dejarla ir: Cuando la emoción haya amainado un poco, es bueno desidentificarse de ella. Que pensemos que no somos la emoción, sino que vamos a albergarla durante un pedido de tiempo. Como todo lo que tiene una base física, la emoción con el tiempo tenderá a menguar y desaparecer.
El yoga nos ayudará a desarrollar lo que llamamos Conciencia Testigo, esa actitud de aceptación y observación imparcial ante nuestras emociones, pensamientos y sensaciones. Tal actitud  nos permite ser conscientes de que no somos esos eventos pasajeros.

Actuar o no según las circunstancias: Una vez que haya pasado la tormenta emocional puede ser que sea necesario actuar, aunque en otras ocasiones es posible que no haga falta. Aún cuando la emoción haya amainado por completo, es fácil que la respuesta adecuada se haga esperar. Demonos tiempo, en lugar de actuar con precipitación.
Estemos conscientes de lo que pasa, pero sin identificarnos con lo que pasa. En esto consiste el ESTADO DE PRESENCIA, encontrarnos presentes en la acción, aunque no nos perdamos en ella.

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¿Quienes son las emociones?

 

“El miedo es el medio de descubrir lo que necesitas encontrar”

Álex Rovira y Francesc Miralles,

El Laberinto de la Felicidad

 Se habla mucho de las emociones incluso de cómo los padres deberían enseñarlas a sus hijos. Las emociones están continuamente presentes en nuestras vidas, y cada vez está más demostrado que el desarrollo emocional forma parte del desarrollo cognitivo, por eso la escuela juega un papel importantísimo a la hora de educar las emociones.   

¿Qué son las emociones y cómo nos puede ayudar conocerlas?.

Según se define en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española se trata de “una alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática”.

En el Diccionario de Neurociencia, de Francisco Mora y Sanguinetti (2004) se define la emoción como “una reacción conductual subjetiva producida por la información proveniente del mundo externo o interno (recuerdos) del individuo. Se acompaña de fenómenos neurovegetativos. El sistema límbico es parte importante del cerebro relacionado con la elaboración de las conductas emocionales”.

Resumiendo, podemos definir la emoción como un “estado afectivo que experimentamos, una reacción innata, involuntaria y subjetiva que suele ir acompañada de cambios fisiológicos en nuestro organismo y expresiones faciales, motoras, etc.. Surge como reacción a una situación externa concreta, aunque puede provocarla también una información interna del propio individuo, como por ejemplo un pensamiento”.

Cuando decimos que se trata de una reacción innata e involuntaria nos referimos a que en todos los organismos la reacción emocional es un mecanismo puesto en marcha de modo automático. Imagina que una cebra se encuentra con un león hambriento en medio de la selva y detecta un peligro entonces responderá de forma automática, defendiéndose o huyendo. Pero si somos alguno de nosotros los que nos encontramos con este león, seguro que responderemos igual y que ninguno de nosotros nos quedamos reflexionando sobre cual es la mejor forma de convencer al felino para que no nos meriende.

De igual manera, si sentimos hambre ante un plato de comida también tendremos una reacción emocional que nos llevará a acercarnos a comer.

Lo adaptativo de emocionarse es que no tenemos que pensar para actuar, sino que al emocionarnos podemos responder o actuar con rapidez, ya que la emoción prepara nuestro cuerpo para evitar o enfrentar, defendernos o exponernos. Esta forma de reaccionar se ha ido adquiriendo a lo largo de la evolución de las especies,  todas las emociones cumplen funciones básicas para poder adaptarnos al medio y sobrevivir a los diferentes peligros del ambiente.

Estas reacciones ante el peligro o ante cualquier estímulo placentero obedecen a mecanismos universales codificados en el cerebro hace millones de años. Las emociones van a activar una parte del Sistema Nervioso que se conoce como Sistema Nervioso Autónomo o Vegetativo. Sin embargo, el hombre, a diferencia de otros seres vivos, gracias a otra parte de su cerebro que es la corteza cerebral, conoce sus emociones y puede ser consciente de ellas. Esto da lugar a los sentimientos que implica una participación de la conciencia y por tanto del cerebro más evolucionado. Por ejemplo: puedo tener la emoción de rabia por perder una carrera pero tendré el sentimiento de frustración si además de la rabia tengo un pensamiento asociado de “nunca podré ganar”.

Que poseamos este cerebro nos hace posible que desarrollemos la habilidad de autorregular nuestras emociones y poder manejar nuestros propios sentimientos, lo que nos va a permitir poder expresarlos de forma apropiada. La emoción ocurre irremediablemente, lo que sí que podemos controlar es la conducta asociada a dicha emoción.

Por eso, es necesario que en nuestra vida diaria integremos la cabeza y el corazón, ¿cómo?, aplicando algo de lo que ya hemos hablado en entradas anteriores, la inteligencia emocional  en la vida diaria.

Las emociones realizan la primera evaluación de la situación desde el punto de vista de cómo afecta a nuestro bienestar. Esto puede dar lugar en nuestro mundo interno a temores o esperanzas, deseos y miedos, informándote de si algo es importante para tu bienestar.

También van a comunicar sobre como es nuestro estado interno y deseos a los demás. El enfado, por ejemplo, señala que tenemos la intención de proteger nuestros límites, la tristeza que hemos perdido algo importante o la alegría que alcanzamos una meta.

Todo esto significa que las emociones nos pueden ayudar a conducir nuestras vidas.

Os dejamos este video que lo explica de forma muy sencilla y esperamos que conocer más sobre las emociones te ayude a conocerte mejor.

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¿Eres una persona emocionalmente inteligente?

“La inteligencia emocional representa el 80% del éxito en la vida”
Daniel Goleman

Todo lo emocional está muy de moda, eso lo saben bien los diseñadores de publicidad, hasta el punto de ver el otro día un anuncio donde una marca de cervezas nos animaba  a “expresar las emociones”, claro que para ellos su objetivo es vender más cervezas, no que seas emocionalmente inteligente y sepas manejarlas.

Las emociones juegan un papel muy importante en lo que pensamos, en las decisiones que tomamos y en nuestro éxito en la vida.

El término de inteligencia emocional fue acuñado por el psicólogo Daniel Goleman, basándose en el modelo de inteligencias múltiples de Gardner, como una inteligencia derivada de las inteligencias intrapersonal e interpersonal. Según Goleman se puede definir la Inteligencia Emocional en base a dos habilidades:

Una es reconocer, canalizar y manejar los propios sentimientos, habilidades que son propias de la inteligencia intrapersonal.

La otra habilidad supone manejar adecuadamente los sentimientos que aparecen en la relación con los demás, esta se corresponde con  la inteligencia interpersonal de la que nos habla Gardner.

Según el autor del libro Inteligencia Emocional, ¿cuales son las cualidades de las personas emocionalmente inteligentes?:

Conocen sus propias emociones. La mayor parte de nosotros tenemos más capacidad para expresar lo que pensamos que lo que sentimos. Poder tener conciencia de las propias emociones en el momento en que ocurren nos posibilita poder decidir nuestro comportamiento. Por el contrario una incapacidad en este sentido nos deja a merced que decidan por nosotros las emociones de forma incontrolada.

Conocen como manejar la emociones. Esto supone la habilidad de poder manejar nuestros propios sentimientos, lo que nos permitirá poder expresarlos de forma apropiada, sin dañar a los demás ni a nosotros mismos. Para poder llevar a cabo esta habilidad será requisito imprescindible que contemos con la primera de las características, que seamos conscientes de nuestras propias emociones en el momento en el que suceden.

Se motivan a ellos mismos. La motivación y la emoción se relacionan íntimamente. Una determinada emoción nos va a acercar o alejar de nuestro objetivo, por ejemplo el miedo tiende a alejarnos a decirnos que no podemos mientras que la impaciencia puedo provocar que tomemos decisiones que nos nos beneficien, a su vez la confianza es un buen aliado para acompañarnos en nuestros proyectos. El autocontrol emocional, del que ya hemos hablado en este blog, supone demorar gratificaciones y dominar la impulsividad, las personas que cuentan con estas capacidades tienden a ser más efectivas en los proyectos que emprenden.

Reconocen las emociones de los demás. Esta habilidad es conocida como empatía, y nos permite sintonizar mejor con las señales que indican lo que sienten las otras personas y pueden necesitar o desear.

Tienen la capacidad de establecer relaciones sociales. Se trata de una competencia social básica en un líder, contar en su repertorio de comportamiento con estas habilidades sociales les facilita mantener relaciones suaves y efectivas con los demás.

El conocimiento de nosotros mismos o autoconciencia es la base de las otras competencias, es el que permite poner en practica, el autocontrol y la motivación.

Para la persona emocionalmente inteligente cada momento es una oportunidad para ser consciente de sí mismo.

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El Estrés: un enemigo silencioso.

“Que lo urgente no te impida, ocuparte de lo importante”

Dos amigos se encuentran:

– Hola ¿como estás? ¿cómo te va todo?

– Bien, con mucho jaleo, no paro la verdad, estoy a tope de estrés, ya sabes lo normal.

Esta podría ser una conversación habitual entre dos personas, da la sensación que estar estresado sea lo normal, como si nos hiciera sentir que somos más importantes. Nos hemos habituado a comer deprisa, andar deprisa, hacer varias cosas a la vez, hablar por teléfono mientras estamos haciendo otras cosas, hemos normalizado el estrés. Pues NO, no lo es, No es Normal estar estresados o estresadas.

Una definición del estrés podría ser el proceso que se inicia cuando las demandas del entorno (laboral, familiar, social, etc.) a las que debe dar respuestas una persona, es superior a los recursos de los que dispone, lo que va a producir una activación fisiológica que, aunque en un primer momento le va a ser útil, si se mantiene en el tiempo provocará malestar, incluso puede dañar su salud.

Las reacciones fisiológicas del estrés cumplen una función adaptativa, permitieron sobrevivir a nuestros antepasados en situaciones de peligro. Gracias a ellas si vemos que al cruzar un paso de cebra, un coche viene a toda velocidad, no nos paramos a pensar que podemos hacer…..por el contrario, sin que intervenga la parte cortical de nuestro cerebro, somos capaces de echar a correr y ponernos a salvo de ser atropellados.

La parte de nuestro Sistema Nervioso que regula estas reacciones al estrés, es el Sistema Nervioso Simpático. Esta parte se pone en funcionamiento ante cualquier amenaza, peligro o cambio de vida, preparando a nuestro cuerpo para afrontarlo aumentando el ritmo cardiaco y la respiración, movilizando el metabolismo celular para obtener más glucosa en sangre, dilata las pupilas……En estos momentos se va a liberar en nuestro organismo el cortisol o también llamada la hormona del estrés. Pero el Sistema Nervioso Simpático no puede estar permanentemente activado o encendido. Si no apagamos esta respuesta al estrés, terminaremos agotados y nuestro cuerpo acabará por dañarse y enfermar.

Necesitamos por lo tanto aflojar y relajar los músculos, contraer las pupilas, dormir, enlentecer el ritmo cardiaco, es decir apagar el interruptor. De esto se encarga el Sistema Nervioso Parasimpático, esa parte de nuestro Sistema Nervioso que nos permite descansar, hacer la digestión, relajarnos y reponer energías.

Ambos sistemas garantizan que el organismo gaste la energía suficiente como para hacer frente a los problemas, la reponga y acumule, así  el organismo estará preparado para afrontar las nuevas situaciones.

Pero los seres humanos tenemos mucha facilidad para encender el Sistema Nervioso Simpático e incluso tenerlo crónicamente activado como un hábito. Por ejemplo cuando aparece el insomnio y una persona no consigue conciliar el sueño porque está anticipando algún problema o tarea pendiente a la que debe hacer frente al día siguiente, está encendiendo su Sistema Nervioso Simpático innecesariamente, cuando debería tenerlo apagado.

Con bastante frecuencia vemos peligros y amenazas donde no las hay, encendemos ese interruptor y segregamos cortisol de forma constante. Nuestros pensamientos en ocasiones, interpretan las palabras de alguien como ataques hacia nosotros o situaciones de la vida cotidiana, como el tráfico nos produce irritación, haciéndonos enfadar,  o la falta de sentido del humor ante los errores sin importancia en nuestro día a día, son alguna de las situaciones habituales que nos activan nuestros sistemas de alarma disparando las respuestas fisiológicas similares a si nos encontrásemos a un león frente a nosotros.

¿Qué podemos hacer para controlar el estrés?

Una de las herramientas que nos pueden ayudar es aprender a gestionar el tiempo, que en definitiva es gestionar la vida. La falta de tiempo en ocasiones funciona como un paraguas que tapa cosas que no queremos reconocer. El tiempo es el mismo para todos y no se puede estirar, depende de cada uno el querer aprovecharlo para alcanzar nuestros objetivos vitales y profesionales. La forma de mejorar nuestro uso del tiempo está en invertir en cada actividad lo necesario. Ya que con frecuencia los humanos nos enredamos innecesariamente en asuntos que nos estresan, nos generan ansiedad y nos amargan la vida.

El cuento que os dejamos sobre las piedras y el frasco nos puede ayudar a identificar cuales son en nuestra vida las cosas importantes a la hora de gestionar nuestros tiempos, porque si lo llenamos de lo que es urgente muy probablemente no tengamos tiempo para lo que realmente nos importa.

En próximas entradas continuaremos comentando otras herramientas que nos acercarán a una vida donde el estrés sea una ayuda y no un enemigo que nos vaya dañando poco a poco. Aquello que nos conducirá a una vida más consciente.

 

Ser Feliz es cuestión de Voluntad

Actualmente con solo un click podemos comprar aquello que queremos y que no hay en nuestra ciudad o enviar un mensaje a la otra punta del planeta. Parece que estamos avocados a la necesidad de la gratificación inmediata ante cualquier impulso apetitivo. Nuestro valioso tiempo a veces nos hace actuar lo antes posible a pesar de que el ser paciente pueda traernos mejores consecuencias en muchas ocasiones.

Entre los 3 y los 6 años un niño comienza a controlar de alguna manera sus impulsos aunque no todos tienen las mismas destrezas para el autocontrol. El psicólogo Walter Mischel inició una investigación hace más de 40 años para medir esa habilidad de demorar una gratificación, o lo que conocemos por “fuerza de voluntad”, en los niños. Esta es la habilidad de abstenerse de recibir un elemento gratificante de manera inmediata, con tal de recibir otro elemento más deseado, a pesar de que implique una espera más larga. Mischel observó que por norma general los niños menores de cuatro años no eran capaces de demorar la búsqueda de satisfacción. Ello se debe, entre otras cosas a la falta de desarrollo de su lóbulo frontal, el cual no alcanza su máximo nivel de desarrollo hasta que es adulto. Después de realizar seguimiento a los niños investigados encontró que esta habilidad podía influir en la edad adulta.

Las personas poseemos una gran caja de herramientas o fortalezas personales que podemos usar para construir una vida más feliz. Entre los rasgos psicológicos positivos, que la comunidad científica ha identificado, se encuentra la autoregulación o autocontrol. Esta fortaleza hace referencia a la capacidad que tenemos de regular los propios sentimientos y nuestras acciones.

Saber cuando actuar y saber cuando esperar, para obtener un resultado concreto que te ayude a vivir y construir una vida que te haga feliz, es una destreza que se puede enseñar. Pero deberemos tener en cuenta que si una impulsividad sin control nos puede ocasionar tomar decisiones erróneas, el uso excesivo de esta “fuerza de voluntad” o autocontrol puede suprimir la alegría de vivir y conducirnos a una vida gris.

Encontrar el equilibrio entre controlar nuestros impulsos y vivir de forma espontánea es la habilidad que nos acerca a la felicidad.

 

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La Gratitud, una fuente de Bienestar.

“La gratitud puede hacer tu vida más feliz y satisfactoria”

Martin Seligma, psicólogo y escritor, principal representante de la Psicología Positiva.

Las investigaciones efectuadas desde la Psicología Positiva han ofrecido datos sobre la asociación positiva de la gratitud con conductas prosociales, emociones positivas, satisfacción con la vida, el optimismo, la esperanza, vitalidad y percepción subjetiva de felicidad (McCullough, Emmons y Tsang, 2002). A la vez que nos protege de desarrollar alteraciones psicológicas como la depresión, la ansiedad o el consumo de sustancias, como reseñan Bono y McCullough (2006).

La gratitud, o la capacidad de ser agradecidos, nos permite reconocer los aspectos pasados y presentes positivos, buenos, aquello que nos ha beneficiado de algún modo y que, por lo tanto, ha otorgado un significado agradable a nuestra existencia (Peterson y Seligman, 2004; Emmons, 2007).

Cuando reconocemos todo lo que somos y tenemos, nos hacemos consciente de ello, nos sentimos afortunados y eso aumenta nuestra capacidad de acción.

Esta actitud de agradecer no se limita solo a cuando las cosas salen como uno desea, sino incorporarlo como un habito de vida va a transforma nuestra percepción del mundo, cambiando nuestra mentalidad de insuficiencia por otra mentalidad de satisfacción, ya que nos centramos en lo que sí tenemos y no en lo que nos hace falta.

Lo bueno es que esta fortaleza personal  es una habilidad que se puede desarrollar fácilmente practicando unos minutos al día. Estas son algunas ideas para comprobar en ti los beneficios de esta práctica:

  • Mira por la ventana o sal a la calle y encuentra algo que aprecias.
  • Proponte decirle todos los días a tu pareja o a una persona amiga algo que aprecias de ellos.
  • Escribe una carta a alguien a quién estás agradecido.
  • Elabora una lista con los nombres de las personas a quienes tienes algo que agradecer..
  • Llama a una persona para darle las gracias por los buenos momentos.

Como la aceptación nos hace más FELICES

Si tienes un problema y no tiene solución, ¿para qué te preocupas?.
Y si tiene solución, ¿para que te preocupas?
Proverbio Chino

Una de las causas que más sufrimiento nos genera a los seres humanos, es el deseo constante de que las cosas sean diferentes a como lo son en la realidad.
Cuando sucede algo que nos disgusta o no se ajusta a nuestros planes, solemos reaccionar oponiéndonos a ello. Nuestra respuesta suele ser evitarlo, ignorarlo, racionalizarlo o reprimir nuestros sentimientos. Entonces nace en nuestro interior un sentimiento de rechazo, rabia o indignación ante lo sucedido que va creciendo conforme vamos tomando conciencia de lo sucedido.
El que reaccionemos así es totalmente natural, todos los seres vivos tratan de evitar lo que les hace daño y acercarse a lo que les favorece. El problema surge cuando lo que nos disgusta es inevitable, ya que en la vida existen experiencias dolorosas que no podemos eludir: pérdidas, separaciones, enfermedades, accidentes o muertes de seres queridos….Pero si al sufrimiento que generan esas situaciones le añadimos nuestra resistencia estamos entonces generando un sufrimiento innecesario.
Cuando no oponemos resistencia, entonces surge la ACEPTACIÓN. Aceptar significa reconocer y permitir que la realidad del presente sea tal cual es. Pero este proceso no se produce instantáneamente, es el resultado de un proceso gradual que tarda cierto tiempo en desarrollarse.
La aceptación no es pasividad, ni resignación, ni renunciar a que las cosas puedan ser mejores, sino reconocer la realidad que está ocurriendo en el presente.
El psicólogo clínico, Chistopher Germer, nos sistematiza en cinco pasos lo que podría ser un proceso de aceptación de una situación difícil:
1º La primera reacción es de resistencia o rechazo de lo ocurrido.
2º Luego podemos avanzar mostrando cierta curiosidad por lo sucedido y por nuestra reacción.
3º El tercer paso sería ser capaces de permitir el malestar, sin que nos dañe o nos sobrepase.
4º En esta cuarta etapa los sentimientos a veces se oponen a lo sucedido y otras lo aceptan, van y vienen.
5º Por último, somos capaces de reconciliarnos con los hechos y descubrir las posibilidades que la nueva situación encierra.
Porque según nos recuerda un viejo proverbio, “aquello que se resiste, persiste”, es solo cuando comenzamos a aceptar, que la situación cambia.

Elijo la Paz

 

Una noche un anciano indio le contó a su nieto una leyenda cherokee de los dos lobos.

  • Así, el anciano le dijo al nieto: “Dentro de cada uno de nosotros hay una dura batalla entre dos lobos. Uno de ellos es un lobo malvado, violento, lleno de ira y agresividad. El otro es todo bondad, amor, alegría y compasión”.
  • El nieto se quedó unos minutos pensando sobre lo que le había contado su abuelo y finalmente le preguntó:”Dime abuelo, ¿Cuál de los dos lobos ganará?”.
  • Y el anciano indio respondió:
  • “Aquél al que tú alimentes, nieto”.

En la vida, no siempre podemos escoger las circunstancias, ni tendremos control sobre el comportamiento de otras personas, enfrentándonos a menudo a situaciones complicadas y difíciles, incluso ante pensamientos “pegajosos” que nos hacen revivir una y otra vez, situaciones que nos causan dolor.

Como refleja esta historia, no podemos escoger las situaciones que se nos presentan, si bien, sí podemos elegir que lobo alimentar, que actitud tomar antes las dificultades, tenemos la libertad de elegir entre el conflicto o la paz.

Elegir la paz, no supone renunciar a cambiar las cosas en el futuro, sino tan solo reconocer la realidad que ya existe en el presente. Esta aceptación nos invita a no oponer resistencia al fluir de la vida, a lo que ya es. Requiere que identifiquemos las emociones experimentadas, los pensamientos, los reconozcamos y validemos para después soltarlos y poder elegir la paz en nuestro interior. Esta actitud nos ayudará a no añadir sufrimiento innecesario, aportándonos serenidad, a la vez que nos permitirá poner en marcha la solución más inteligente a esa dificultad. Se trata de una nueva forma de mirar un problema, donde antes había un callejón sin salida ahora se abre una oportunidad enriquecedora.

Realizar respiraciones conscientes y conectarnos con nosotros, con lo que estamos sintiendo, nos ayudará a tomar conciencia de nuestra posibilidad de elección, paz o conflicto.

 

¿Se puede educar para ser FELICES?

“Es imposible hacer que las olas de la Vida cesen, pero si puedes aprender a hacer Surf”

Eline Snel

Los avances de la Psicología Positiva y la aplicación de los Programas basados en técnicas de Mindfulness o Atención Plena nos indican que este es el camino.

R. Arguis, nos dice que “si logramos que los niños desde edades tempranas aprendan a vivir de un modo más consciente, estamos educando a personas más libres y responsables, más capaces de ser dueños de su propia vida y de ser felices”.
Este ha sido el titulo de nuestra intervención en las III Jornadas de MIndfulness y Meditación que este mes se han celebrado en Badajoz. Ha sido nuestra colaboración para apoyar el proyecto de la Maestra Yotika, en Acebo (Cáceres).
Tras varios años de práctica de yoga y meditación, experimentando sus beneficios, me surgió la inquietud de compartir todo lo que estaba conociendo, iniciándose así mi formación en yoga y mindfulness para niños. Si todas estás herramientas eran tan útiles para los adultos, ¿porqué no enseñarlas a los más pequeños, para que la sumen al resto de las herramientas, que tendrán que aprender para convertirse en adultos capaces de hacer frente a los retos de la vida?.
Las intervenciones educativas con técnicas Mindfulness o Atención Plena pueden mejorar la salud, tanto física como mental y el bienestar emocional de los alumnos. Se trata de un conjunto de herramientas encaminadas a potenciar en el alumno vivir más conscientemente, desde la calma. Este estado de presencia les ayudará a conocerse mejor, favoreciendo su autorregulación emocional y conductual.
Las técnicas de la Atención Plena se están utilizando por sus beneficios sobre el estrés, la atención, concentración y a su vez la memoria de trabajo.
Otras de sus aportaciones están orientadas a reducir la reactividad, mejorando el autocontrol y las relaciones con la emociones propias y de los demás. A su vez, sus efectos de relajación, van a favorecer un ambiente más tranquilo en el aula.
Una de las características de la mayoría de estos programas es el abordaje integral, donde se busca implicar en su aplicación, a alumnos, padres y profesores. Porque “no podemos enseñar lo que no conocemos”, es necesario que los docentes experimenten los efectos de Mindfulness para luego poder compartirlo con sus alumnos.
Países como Reino Unido, Cánada, Holanda, Australia entre otros lo están aplicando en sus sistemas educativos con el objetivo que estén incorporados en sus planes docentes en 2020.
En España se está introduciendo a través de diferentes Programas en Valencia, Aragón, Cataluña, Madrid,…
En Extremadura están apareciendo iniciativas de aplicación de estás técnicas en el contexto educativo, gracias a la experiencia en meditación de algunos docentes que la llevan a sus alumnos y de iniciativas de formación del profesorado.
Revisando los Programas de Mindfulness, que se están aplicando a la educación, se aprecia que junto a las técnicas propias para desarrollar la Atención Plena, se combinan herramientas de otras áreas, como son los modelos surgidos a partir de los resultados de investigaciones realizadas desde la Psicología Positiva.
También se están aplicando las herramientas propias del Yoga, de la Educación Emocional, los descubrimiento en Neuroeducación así como el desarrollo de la compasión.