La taza de té

«Hay que vaciarse para poder llenarse. Una taza, dice Krisnhnamurti, solo sirve cuando está vacía. No sirve una taza llena, no hay nada que se pueda agregar en ella

¬Jorge Bucay
 Libro: El Camino de las Lágrimas

Nos encantan los cuentos!!, tienen esa capacidad de llegar a nuestro corazón por un camino más directo.

Esta vez os traemos un cuento sobre «soltar».

Ya hablamos de este tema en otra de nuestras entradas, sobre como el Yoga es una buena herramienta para enseñarnos a practicar este hábito saludable.

A veces, podremos ayudar a la vida en esta labor, en otras ocasiones, es ella la que nos presentará las situaciones donde, soltar o dejar ir, es la única opción si queremos continuar el camino más ligeros. Algunos tendremos que soltar tensiones después de escuchar a nuestro cuerpo, otros situaciones personales, dejar ir a seres queridos, tal vez formas de ver la realidad que creíamos eran verdades absolutas o dejar la queja para asumir la responsabilidad…

Sea lo que sea que necesites, por aquí os dejamos este maravilloso cuento, que esperamos lo disfrutes.

Erasé una vez…

Gran Maestro —dijo el discípulo—, he venido desde muy lejos para aprender de ti. Durante muchos años he estudiado con todos los iluminados y gurús del país y del mundo y todos han dejado mucha sabiduría en mí. Ahora creo que tú eres el único que puede completar mi búsqueda. Enséñame, Maestro, todo lo que me falta saber.

Badwin, el sabio, le dijo que tendría mucho gusto en mostrarle todo lo que sabía pero que antes de empezar quería invitarlo con un té.

El discípulo se sentó junto al Maestro mientras él se acercaba a una pequeña mesita y tomaba de ella una taza llena de té y una tetera de cobre.

El Maestro alcanzó la taza al alumno y cuando éste la tuvo en sus manos empezó a servir más té en la taza que no tardó en rebasarse.

El alumno con la taza entre las manos intentó advertir al anfitrión: 

—Maestro…

El Maestro Badwin como si no entendiera el reclamo siguió vertiendo té, que después de llenar la taza y el plato empezó a caer sobre la alfombra. 

¡Maestro! —gritó ahora el alumno—, deja ya de echar té en mi taza. ¿No puedes ver que ya está llena? 

Badwin dejó de echar té y le dijo al discípulo: 

Hasta que no seas capaz de vaciar tu taza no podrás poner más té en ella.

Hay que vaciarse para poder llenarse. 

Para crecer entonces voy a tener que admitir el vacío. El espacio donde por decisión, azar o naturaleza ya no está lo que antes podía encontrar. 

¿Te animas a probar?