Como el Yoga nos ayuda a soltar.

«Si miramos el objeto de nuestro apego con una simplicidad nueva, comprenderemos que no es ese objeto lo que nos hace sufrir, sino el modo en que nos aferramos a él»

Mattieu Ricard

Hoy hablamos de «Soltar» y como el Yoga cuenta con herramientas que nos pueden ayudar en este sentido. Pero ¿soltar qué?, quizás lo primero que percibimos al iniciarnos en la practica de Yoga es cuanta tensión en forma de estrés, contracturas, agitación mental, rigideces ….traemos a la clase de yoga.

Solemos ponerle a la vida más esfuerzo del que nos pide o vivir aguantando, apretando, forzando situaciones que aunque no nos traen bienestar, las miramos como nuestra «normalidad», algo que no está en nuestra mano cambiar.

De esta manera, al practicar yoga y gracias a la lupa de la Atención, percibimos todas esas huellas que dejan en el cuerpo estas situaciones y tras seguir una clase bien equilibrada energéticamente, podemos experimentar el alivio de «soltar» la musculatura del cuello, de los hombros, sentirnos por algunos segundos muy agustito en la última Asana de relajación.

Ya vamos soltando algo...

Para la practica de esta disciplina la persistencia es un requisito, lo que conocemos por Tapas, (bueno para esto y cualquier cosa de las que merecen la pena, que queramos conseguir en la vida, ). Al continuar practicando comenzamos a darnos cuenta de cuantos pensamientos «agarramos» que nos limitan, tales como «yo no puedo hacer esa postura», «es que no tengo flexibilidad», «uf! estoy ya muy mayor para esto» o «tengo que hacerlo perfecto», incluso sentirnos algo torpes al querer acompasar los movimientos a la respiración en el Vinyasa del saludo al sol.

¿Qué pasaría si fuéramos capaces de soltar todos estos pensamientos?... 

Al soltar, nos atreveremos a transitar por posturas nuevas en un entorno seguro, nuestra esterilla, explorar nuevas sensaciones, una nueva forma de posicionarnos, también en el mundo. Es así como crearemos espacio para que algo nuevo se desarrolle, que nos aporte más paz y alegría.

Ya lo sé, no es fácil...

Que esto sea así, no debe ser una excusa, ¿cuántas cosas no fáciles a priori has iniciado y después visto todo lo bueno que traían a tu vida?. Nuestra forma de ver, de mirar a los demás o mirarnos, en ocasiones funciona como un hábito del que cuesta desprenderse, algo así como dejar el azúcar, de fumar o salir del sedentarismo. Pero solo si abandonamos estos viejos hábitos poco saludables, podremos dar paso a que poco a poco, otros nuevos más beneficiosos se instalen.

El Yoga confía que todos tenemos esa capacidad de dejar marchar aquellas cosas que nos alejan de conocer la verdadera naturaleza de nosotros y de todas las cosas, nos invita a dejar ir aquello que nos trae sufrimiento en lugar de felicidad.

¿Te animas a probar?

Escuchando a nuestro Cuerpo

El cuerpo dice lo que queda más allá de las palabras”

Martha Graham

En una entrada anterior en este Blog titulada El cuerpo y sus razones, hablábamos sobre cómo el desarrollo de la conciencia corporal es un pilar básico para conseguir bienestar. Pero un tema tan fundamental como apasionante, bien se merece que le dediquemos otro espacio para que sigamos profundizando en él.

Aunque a veces nos pase desapercibido, solemos vivir en general bastante alejados de nuestro cuerpo, más cercanos a nuestra mente que organiza, imagina y nos dice como debemos sentirnos, que debemos hacer y que decisiones tomar. No estamos hablando de la practica de deporte, siempre muy recomendable, que nos mantiene en forma y repara las secuelas de una vida bástate sedentaria que solemos llevar.

Tampoco nos estamos refiriendo a valorar si estamos en nuestro peso o nos sobra algún kilo, o si nuestros músculos están lo bastante desarrollados o no.

Escuchar a nuestro cuerpo, es una invitación a prestar atención a la sensación física sentida, lo que no tiene nada que ver con pensar en el cuerpo. Esta indicación aunque suene sencilla a veces requiere un tiempo de práctica para darnos cuenta que solo consiste en reconocer las sensaciones presentes. De esta manera, la observación corporal nos resultará de gran utilidad para clasificar esas sensaciones y experiencias internas en tres grandes categorías: agradables, desagradables y neutras.

Al trabajar con técnicas que como el Yoga fomentan el de autonocimiento, para desarrollar todos los aspectos de nuestra naturaleza, descubrimos que el cuerpo tiene su propia sabiduría y si lo escuchamos atentamente, puede mostrarnos donde se depositan nuestras tensiones físicas, emocionales y los impactos de nuestros pensamientos. 

Habitualmente en nuestra vida diaria de rutinas y prisas suele resultar complicado estar cerca del cuerpo y «escucharlo», aún así él a veces nos susurra información sobre como se encuentra y si no le escuchamos termina «gritándonos» en forma de alguna dolencia más importante que nos hace parar para atenderlo.

Este ejercicio de desarrollar la observación corporal, nos va a permitir darnos cuenta y reconocer, como nuestro cuerpo siente o experimenta, lo que puede resultar muy útil a todos los niveles especialmente para trabajar con el estrés, la ansiedad y el dolor físico. 

Al sentir lo que nuestro cuerpo experimenta en cada momento, podremos descubrir que algunas de las sensaciones que experimentamos, pueden ir acompañadas de pensamientos y emociones, ante lo que no necesitamos hacer nada más que reconocerlo. Este reconocimiento consiste en ver las cosas tal cual son, nos gusten o nos desagraden.  La aceptación de estas sensaciones, nos permitirá estar a gusto o en paz con las cosas tal cual son.

Pero esta atención al cuerpo requiere de una actitud amable ante lo que observemos, algo así como imaginar que colocamos un saquito térmico caliente en esa zona de nuestro cuerpo donde percibamos algún tipo de tensión, permitiendo que se ablande, mientras nos dejamos acompañar por la respiración natural, lenta y profunda.

¿Te animas a probar?

El Buscador

Os traemos nuevo cuento a nuestro Blog, ellos tienen la habilidad de hacernos despertar, por eso nos gustan tantos.

En esta ocasión, Jorge Bucay nos recuerda que el único tiempo y verdadero es el tiempo vivido conscientemente. A veces nos perdemos deseando que las cosas sean diferentes, pensando que estaremos completos cuando…hagamos ese viaje, tengamos ese trabajo, encontremos esa pareja,…

Te invitamos a parar, respirar y sentir la vida que se hace en este instante, donde no necesitamos ser nadie diferente más que lo que somos AHORA.

Erasé una vez…

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador…
Un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra.

Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió.
Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores. La rodeaba por completo una especie de pequeña valla de madera lustrada.
Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.
De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquel lugar.

El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor.
Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida.
Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar.
Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas

El buscador se sintió terriblemente conmocionado.
Aquel hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba.
Una por una, empezó a leer las lápidas.
Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.
Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años
Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó.
Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
-No, por ningún familiar —dijo el buscador—. ¿Qué pasa en este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que les ha obligado a construir un cementerio de niños?
El anciano sonrió y dijo:
– Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…:

“Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta como esta que tengo aquí, para que se la cuelgue al cuello. Es tradición entre nosotros que, a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

A la izquierda, qué fue lo disfrutado.
A la derecha, cuanto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media…?
Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso…¿Cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?

¿Y el embarazo y el nacimiento del primer hijo…?
¿Y la boda de los amigos?
¿Y el viaje más deseado?
¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?
¿ Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?
¿Horas? ¿Días?

Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos… Cada momento.

Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido.

¿Te animas a probar?

Compasión en epoca de Pandemia

La verdadera compasión no consiste en desear ayudar a aquellos que son menos afortunados que nosotros, sino en darnos cuenta de nuestro parentesco con todos los seres.

Pema Chödron

El término compasión es frecuentemente utilizado en los contextos de Mindfulness, en aquellos entornos donde se practica meditación basada en las antiguas practicas Budistas y en algunos entornos de Yoga. Incluso han surgido movimientos que buscan hacer extensible los sentimientos de compasión a toda una ciudad, como Badajoz Contigo Ciudad Compasiva.

Enseñar practicas de atención plena, aisladas del entrenamiento en compasión, no tiene ningún sentido. Un ladrón que pretende robar una cartera en el metro, estoy segura, que emplea en ese momento una atención refinada y plena eso sí, poco compasiva. Esto nos hace comprender que el entrenamiento en Mindfulness o Atención Plena aislado de las prácticas en compasión quedaría cojo, incluso arriesgado.

El sentimiento de compasión puede tomar dos direcciones, dirigirse hacia los demás y hacia nosotros.

La primera vez que escuché hablar de compasión fue al psiquiatra y pionero en introducir el Mindfulness en España, Vicente Simón, alguien que emana tanta sabiduría como humildad cuando comunica. Durante aquella formación nos introdujo en el sentimiento de Autocompasión, alejado de la lastima y la autocomplacencia. Lo consideraba de especial importancia, ya que como adultos -nos decía- hace bastante tiempo que dejamos de tener una persona que cuida de nosotros, que sepa lo que sentimos y que nos ayude en cualquier momento. Así nos sumergía en la meditación basada en la compasión, darnos a nosotros el mismo cuidado, consuelo y serenidad que de forma natural hacemos llegar a quienes queremos cuando están sufriendo.

Una de las lecciones que esta Pandemia nos está dejando es mostrarnos cómo en muchas ocasiones, no es posible cambiar las circunstancias vitales, sobre ellas no tenemos control, aún cuando vivamos en una falsa seguridad, que nos tranquiliza. Las emociones negativas, las circunstancias adversas nos llegan sin que lo deseemos y a todos por igual, tocándonos lidiar con ellas, con la única certeza de saber que no son eternas y pasarán.

La compasión fluye de manera natural cuando alguien a quien queremos sufre, es el mismo sentimiento que podemos dirigir hacia nosotros si somos los que sufrimos. Se asocia a bienestar, inteligencia emocional, optimismo y felicidad.

Todo sentimiento compasivo implica la intención de aliviar, reconfortar, dar ánimos, motivarse a uno mismo y al otro en lugar de criticarse o criticar.

Cuando miras con ojos de eterno aprendiz, una situación tan desconcertante como la pandemia que vivimos puede ser una oportunidad para aprender y transformarnos. Nos brinda la posibilidad de dirigir nuestros sentimientos compasivos hacia sanitarios, maestros, niños, jóvenes, ancianos o empresarios que se han encontrado con una circunstancia vital que nunca hubieran elegido.

A su vez, también podemos dirigir esos sentimientos compasivos hacia nosotros, acompañarnos con un bálsamo de comprensión y cuidado por nuestra privación de movilidad, nuestros miedos ante el contagio de nuestros seres queridos o de nosotros.

¿Te animas a probar?

El poder de la Atención

Una de las funciones de la mente, que nos aporta numerosos beneficios desarrollarla es la Atención. Suele debilitarse debido a los numerosos estímulos que nos abordan constantemente, pero lo mejor es que al igual que lo hacemos con otros músculos de nuestro cuerpo, también es posible ejercitarla.

Entrenar la atención es clave si queremos llevar bienestar a nuestras vidas, si pretendemos reducir el estrés y liberarnos de la ansiedad que se instala sin darnos cuenta en nosotros. La relación entre atención y emociones es tan estrecha, que cuidando la primera, mejoraremos las segundas.

Lo habitual es que vivamos con la atención hacia fuera, hacia todos los estímulos que constantemente nos bombardean y así vamos alejándonos de un mundo interior donde residen nuestros sentimientos, necesidades y la sabiduría natural que está dentro de todos nosotros.

Te has planteado alguna vez, ¿donde quieres poner tu atención?

Podemos elegir hablar con atención o sin ella y después nos tocará asumir las consecuencias de nuestras palabras, de las dichas y de las que nos callamos.

Sin atención quizás «oiremos» pero no «escucharemos» lo que los demás tengan que contarnos, por el contrario podemos estar pensando la respuesta antes que nuestro interlocutor haya terminado de hablar y convertir una conversación en una sucesión de monólogos. También será difícil escucharnos a nosotros mismos si nuestra mente está siempre tan ocupada en mil asuntos, a veces de forma tan automática, que nuestras necesidades nos pasan desapercibidas.

Un conocido cuento Zen nos habla de esto:

El discípulo le pregunta al Maestro ¿que es lo que haces para alcanzar la sabiduría?, a lo que este le responde;

Cuando como, como; cuando duermo, duermo

-Pero esto lo hace todo el mundo- replica el discípulo

– No es cierto- dice el sabio-, la mayoría de las personas cuando comen, piensan en mil cosas diferentes y cuando duermen sueñan en mil cosas distintas. Yo cuando como, como; cuando duermo, duermo, solo eso.

El Yoga es una de esas disciplinas que nos invita a entrenar nuestra Atención, entre otras muchas cosas y así nuestra conciencia se intensifica. Podemos aprender a llevar nuestra atención al cuerpo durante su práctica, a la respiración o entrenarnos en distintas practicas meditativas.

Pero también podemos hacer más fuerte nuestra atención en la vida diaria, tratando de conectarnos con lo que hacemos en cada momento y apartando las distracciones hasta concluir la tarea que estemos realizando, ya que sabemos que ser feliz es cuestión de voluntad.

Desarrollar una Atención fuerte nos da la libertad para elegir en cada instante como actuar, nos hace responsables de nuestras experiencias en ese único momento que existe realmente, el aquí y el ahora. Nos va a permitir tomar conciencia de nosotros mismos, de lo que es sano y de lo que no, de lo que nos daña o daña a los otros, de lo que realmente está sucediendo. En definitiva vivir una vida más consciente.

¿Te animas a probar?

Tu Verdadero Valor

Los cuentos tienen ese poder para llegarnos allí donde a veces el simple razonamiento no alcanza. Suelen tocar algo dentro de nosotros más sensible que hace que nuestro interior se organice de otro modo, generalmente más amable hacia nosotros y los demás.

El Verdadero Valor del Anillo lo leí hace muchos años en un libro de Jorge Bucay, «Dejamé que te cuente».

A veces buscamos fuera de nosotros nuestro propio valor, damos por válidas ciertas opiniones, sin cuestionarnos la fuente desde donde llegan. Este cuento es una invitación a reflexionar sobre esto, espero lo disfrutéis…….

Erasé una vez……..

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
-Cuánto lo siento, muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después…- Y haciendo una pausa agregó -Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

E…encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas. – Bien- asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó -Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En su afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Entró en la habitación. – Maestro – dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

– Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. Quién mejor que él, para saberlo. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo: – Dile al maestro, muchacho que si lo quiere vender ya, no puedo darle más de 58 monedas de oro por su anillo.
– ¡¿58 monedas?! -exclamó el joven.
– Sí, replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
– Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

¿Te animas a probar?

El Cuerpo tiene sus Razones

El titulo de esta entrada es el de un libro que por suerte llegó a mis manos, de Therese Bertherar y Carol Bernstein.

Este libro es una invitación a hacernos los mejores conocedores de nuestro CUERPO y así poder liberarlo. Nos explican las autoras que preparando bien el terreno, el cuerpo por si solo evoluciona en el buen sentido de manera natural.

Tengo la costumbre de no creer a pies puntilla todo lo que se escribe en los libros, por el contrario prefiero pasarlo por el filtro de mi propia experiencia personal. Es por esto que os invito también a pasar por vuestro filtro personal lo que aquí exponemos y sacar vuestras propias conclusiones. Te dejamos al final del artículo algunas preguntas que pueden serte útiles.

De todas forma no es nada nuevo lo que nos proponen las autoras, todos hemos experimentado en alguna ocasión como el cuerpo responde a nuestras emociones, incluso como nos da pequeños avisos tales como una contractura muscular en la zona del cuello después de una jornada de mucha tensión emocional o por malas posturas corporales.

Ya nadie duda que cuerpo y mente están en continua interacción. Así el prestigioso neurocientífico Antonio Damasio nos recuerda:

Un cuerpo en calma se traduce también en una mente relajada.

Una mente tranquila y centrada, piensa mejor y decide mejor.

Son varias las disciplinas que nos pueden ayudar a tomar conciencia de nuestro cuerpo, una de ellas es el YOGA. Entre los muchos beneficios de su práctica se encuentra el desarrollo de la conciencia corporal, lo que nos va a permitir entender que cuerpo, mente, emociones, pensamientos, etc…funcionan como un todo. En esa totalidad que somos, cada una de las partes depende de las otras y si cada una cumple su función dará como resultado el equilibrio.

Desarrollar esa CONCIENCIA CORPORAL, de la que hablamos, nos va a enseñar a escuchar nuestro cuerpo, de esta manera podremos descubrir donde hay lugares de tensión y como es la sensación al soltarla, o nos irá indicando que estado emocional nos habita en cada momento, ya que toda emoción se refleja en el cuerpo, seamos o no conscientes. Al ser capaces de movernos de forma consciente, podrémos darnos cuenta cuando un movimiento es dañino, antes de lastimarnos.

Esta toma de conciencia del cuerpo, que es un primer paso hacia el BIENESTAR, no es inmediato sino que requerirá de un aprendizaje o mejor aún de desaprender lo que nos ha llevado a desconectarnos de él.

Para terminar quizás quieras responder a alguna de estas preguntas: ¿Como está colocado tu pie derecho en este momento? no lo mires, solo siente. ¿Y tu cadera izquierda, soporta el mismo peso que la derecha o no?, ¿están tu hombros a la misma altura o quizás uno esté más elevado que el otro?

¿Te animas a probar?

¿Medio llena? o ¿Medio vacía?

¿Eres de los que suele ver la botella medio llena o medio vacía?

Es muy curioso como ante una misma situación dos personas podemos percibirla de forma diferente. A esto se refiere este dicho popular y la capacidad de la percepción que hay detrás: LA ATENCIÓN.

Esta maravillosa capacidad cognitiva, funciona como una lupa de gran aumento, seleccionando aquello más relevante, a lo que le damos importancia. Ver una u otra parte de la botella, o las dos, lo podemos realizar gracias a nuestra capacidad de la Atención, la cual puede hacernos la vida más feliz o amargarla por solo ver una parte de ella.

Antes que sigas leyendo, te invito a revisar uno de los cuentos que hemos compartido recientemente sobre lo que consideramos mala o buena suerte. Se trata de ir más allá de una mente que solo ve el mundo en blanco o negro, para poder ver toda una gama de tonalidades que suelen colorear la vida de las personas. Podemos pensar en años buenos o malos y también abrirnos a un abanico de colores y así aparecen años grises, azules y otros casi blanco,…..

Si hago memoria de mis años pasados no encuentro años perfectos, si tuve un invierno duro después el verano me regalaba un viaje maravilloso. En mi larga trayectoria profesional acompañando a personas, nunca tuve conocimiento de vidas perfectas, he conocido a personas con familias amorosas a quienes les visitaba la enfermedad de un hijo o un padre, había familias con unas desahogadas situaciones económicas donde las relaciones personales eran muy complicadas y les llenaban de sufrimiento.

Lo que siempre encontré fueron Vidas Reales, con botellas medio llenas y medio vacías a la vez, donde de alguna manera estaban reflejados todos los colores del Arco Iris. A las etapas felices le seguían dificultades, que luego se convertían en oportunidades para una nueva etapa de estabilidad….y así se iba abriendo paso la vida.

Lo que seguro que tu también te has encontrado, es a personas sabias que pueden convertir un momento de dificultad en oportunidades viendo la parte de la botella medio llena, valorando y agradeciendo todo lo bueno que tienen, a pesar de unas circunstancias no siempre deseadas.

La atención se entrena, al igual que otros músculos de nuestro cuerpo con el ejercicio. Hacer pequeñas pausas durante el día y observar nuestra respiración puede ser de gran ayuda para darnos cuenta de donde tenemos puesta nuestra atención en ese momento.

¿Te animas a probar?

¿Buena suerte? ¿Mala Suerte?, ¡Quién sabe!

Ante los acontecimientos que nos suceden, nuestra mente corre rápida a valorar si es «bueno» o «malo«.

Pero en ocasiones, el tiempo nos trae otra versión, y aquello que vivimos como algo trágico, supone posteriormente una gran oportunidad, quizás para aprender algo nuevo, o plantearnos cambiar una situación que nos ahogaba. Al igual, algo que nos aparece en la vida como una maravilla termina convirtiéndose en una complicación y nos trae nuevas dificultades. Nuestra capacidad para ver la realidad en toda su amplitud, es limitada.

¿Buena suerte?, ¿Mala suerte?, ¡quién sabe!.

El cuento que en esta ocasión os traemos y que hemos leído en varias fuentes, nos invita a reflexionar sobre esto y abrirnos a una realidad sin etiquetas.

Dice así…..

«Un día, al hijo de un granjero anciano se le escapó el único caballo que tenían. Cuando los vecinos se enteraron, acudieron a su casa para solidarizarse y le dijeron: «Oye, qué desgracia, qué mala suerte», a lo que el anciano contestó sin inmutarse: «¿buena suerte?, ¿mala suerte?, ¡quién sabe!».

Al día siguiente, el caballo volvió al establo y trajo consigo siete caballos salvajes que le siguieron desde la montaña. Esto convertía ahora al anciano en el hombre más rico del pueblo. Todos los vecinos lo visitaron y le dijeron: «Oye, ¡qué buena suerte!». A lo que el anciano respondió: «¿buena suerte?, ¿mala suerte?, ¡quién sabe!»..

Al día siguiente, el hijo del anciano, que era el que le ayudaba con todas sus actividades, se cayó y se rompió una pierna mientras intentaba domar a uno de estos caballos salvajes. Esta situación podía ser un obstáculo, pues se acercaba el invierno y sin el hijo, el anciano tendría grandes problemas.

Los vecinos fueron a ver al anciano de nuevo y le dijeron: «Qué desgracia, qué mala suerte. Ahora tienes los caballos pero no tienes la ayuda de tu hijo. Es algo terrible«. Y el granjero anciano les dijo: «¿buena suerte?, ¿mala suerte?, ¡quién sabe!»..

Al día siguiente, llegó el ejército al pueblo para reclutar a todos los jóvenes para una guerra prácticamente suicida, pero al hijo del anciano no lo reclutaron porque tenía una pierna rota, así que se quedó a salvo en casa. Todos los vecinos volvieron a ver al anciano y le dijeron: «Oye, ¡qué bien, qué buena suerte! A mi hijo lo han reclutado y al tuyo no.» Y el anciano les contestó de nuevo: «¿buena suerte?, ¿mala suerte?, ¡quién sabe!»..

¿Te animas a probar?

Vuelta a la Nueva Normalidad

En los últimos meses la palabra «normalidad» parece estar moda y en la lista de los deseos de muchas personas, que ansían «volver a la normalidad».

Según el diccionario, la palabra normal, se define como aquello que es habitual, que sirve de norma o regla, una cosa que por su naturaleza, forma o magnitud se ajusta a ciertas normas fijadas de ante mano.

De este modo la normalidad dentro de una sociedad surge del consenso sobre los valores o comportamientos que se consideran correctos dentro de ella. Esto sin duda facilita la convivencia, así «lo normal» es no hacer ruidos que molesten a los vecinos durante los periodos descanso.

Pero las cualidades de la «normalidad» van evolucionando a lo largo del tiempo, y si ver a personas con mascarilla en una tienda, hace un año era excepcional, ahora puedes comprar un vestido con la mascarilla a juego, y verlo normal. De igual modo, hay lugares en el mundo donde algo habitual para nosotros como, abrir un grifo y que salga agua caliente, es visto como algo insólito.

En ocasiones, lo normal es solo aquello que está más extendido, que más personas practican, sin que ello sea fruto de un consenso o reflexión, sino de un hábito, «es así porque todo el mundo lo hace». Esto puede sucederle a algunos jóvenes que se inician en el consumo de alcohol u otras sustancias adictivas sin plantearse si verdaderamente es eso lo que desean, desconociendo las consecuencias que para algunos traerán estos comportamientos sin haber antes explorado otras formas de alcanzar sus propósitos.

A veces, incluso dejamos de valorar ciertos privilegios que nos facilitan la vida, como tener luz al encender un interruptor, por considerarlos «normales».

Si viajas por el mundo, habrás observado que lo que es considerado normal en algunos Países, no siempre lo es también en el nuestro. Si has estado en India y comes en restaurantes a los que habitualmente acuden las personas de aquel País, verás que comer con las manos es lo «normal», lo hacen con una gran destreza y podrás sentirte «diferente o anormal» utilizando los cubiertos con los que «normalmente» solemos comer en España.

Si eres de los que te estás planteando que «después de las vacaciones hay que volver a la normalidad», nuestro objetivo con este articulo es animarte que diseñes «tu nueva normalidad». Posiblemente si te tomas un espacio de reflexión descubras todas aquellas cosas que hay en tu vida y que quieres que continúen o quizás con pequeñas modificaciones. Pero si hay otras circunstancias que desearías modificar recuerda que, todas las personas tenemos la capacidad de cambiar hábitos, cuando estos han dejado de proporcionarnos bienestar y adaptarnos a las nuevas circunstancias.

Una de las capacidades cognitivas que nos permite esto es el discernimiento, la función de nuestro cerebro para tener una opinión propia en función a la experiencia, al razonamiento y a la propia forma de ver el mundo.

Atreveté a diseñar tu nueva normalidad!!!

Recuerda que ser feliz es cuestión de voluntad!!

Quizás antes de «volver a la normalidad» quieras aprovechar todas tus capacidades para diseñar «tu nueva normalidad» aquella que te haga feliz, te proporcione bienestar, desde la responsabilidad contigo y sabiendo que cuentas con todo un mundo de posibilidades, ya que aquello que te detiene solo es la idea de que no puedes hacerlo.

¿Te animas a probar?